Lo que vais a leer a continuación es una carta de un gran amigo mío y paciente. No he modificado ni una palabra de la carta original. Podéis escribirme con vuestra experiencia y será también publicado.
Gracias.
Hola Martín:
En primer lugar, debo agradecerte por haberme animado a abordar el tema del ayuno. ¿Sabía algo sobre la terapia cetogénica y la eliminación de ciertos alimentos? La respuesta es sí, pero hace años había dejado de interesarme en el asunto. Tu interés en ayudar a las personas, y en particular en mí, junto con mi compromiso contigo, mi mejor amigo, me ha motivado a interesarme en estos ayunos que tú, con tu sabiduría, recomiendas para sanar.
Es importante destacar, sin entrar en detalles, que mi problema de salud no se puede calificar como un trastorno sistémico. Sin embargo, sufro un grave deterioro articular en todas las extremidades periféricas debido a la artrosis, además de cambios anatómico-patológicos en toda la columna vertebral. Como sabes, tengo un insomnio crónico desde hace décadas y vivo con dolor las 24 horas del día, los 365 días del año. En los años 80 y 90, si mencionabas a un médico que tu problema era de etiología psicosomática, te decían que no sabías de qué hablabas. El estrés, la ansiedad, la presión psicológica, junto con el insomnio y un ritmo de trabajo frenético desde muy joven, me han llevado a este deterioro.
Pasé una larga temporada postrado en cama, sin poder salir. Cuando intentaba levantarme o desplazarme, lo hacía con mucho esfuerzo, solo para buscar alivio para mis dolores en casa, ya fuera con terapia e.v. o terapia neural. Ya sabes que cuando alguien me preguntaba por qué no iba a urgencias, siempre respondía que era porque me encontraba mal.
Gracias a Dios, hoy en día existen médicos que se preocupan por mantenerse actualizados y cultivarse un poco más, que son humanistas y no te mandan callar ni te hablan en términos exclusivos para una élite a la que pertenecen. Estos médicos saben que los ayunos son de gran ayuda para cualquier tipo de enfermedad, ya sea metabólica, endocrina, genética, mental, autoinmune o incluso exógena como toxicidad, infecciones o alergias. Eres un gran maestro, Martín, y como bien sabes y compartes con tus seguidores, la dieta es también fundamental junto con el ayuno para recuperar la salud perdida.
La constancia, la perseverancia, la fuerza de voluntad y la resistencia al dolor, si es necesario, nos llevarán al éxito y nos aportarán la salud deseada o lo más cercano a ella. A pesar de todos mis dolores, me he comprometido totalmente y he montado un gimnasio privado. Hace años, con mucho dolor y ánimo decaído, acudí a un traumatólogo en Gavà con varias resonancias magnéticas. Después de revisarlas, me dijo: «Si yo tuviera esta columna, cruzaría la carretera y me tiraría a la vía del tren».
Salí de la consulta con educación, me dirigí a la parada del autobús y pensaba que aquel necio con bata blanca y fonendoscopio en el cuello estaba tan gordo que no podía abotonarse la bata con decoro. Lejos de deprimirme, me fui a casa con más decisión que nunca para ponerme todo lo bien posible. Aquel individuo era el enfermo, no yo. Me volví resiliente y salí fortalecido de aquel desagradable encuentro. El engreimiento, la soberbia y la vanidad junto con la ignorancia también acaban matando, aunque se haya llevado una vida de lujo como algunos prohombres del sector.
Reivindico el derecho y la obligación de cada ciudadano de llevar las riendas de su propia salud, con la ayuda y el conocimiento de un buen médico si es posible. Pero cada uno debe ser responsable de su propia salud.
Debemos volver al estilo de vida de nuestros antepasados, gente trabajadora y moderada en la comida. No debemos consumir aquellos alimentos del supermercado que perjudican nuestra salud, reducir los refinados, las grasas trans hidrogenadas y otros elementos como el azúcar. Deberíamos aprender a vivir, pero sobre todo, aprender a morir. Morir sanos debería ser el objetivo de todos, morir con dignidad, con la mente clara, sin estar conectados a monitores en un hospital, sin enfermedades neurodegenerativas como Alzheimer o Parkinson, sin diabetes, con niveles de colesterol adecuados, sin problemas cardiovasculares ni respiratorios y sin obesidad mórbida.
Nos hemos alejado de la naturaleza, pero siempre podemos hacer algo para acercarnos a ella. Mantener el contacto con el magnetismo terrestre caminando descalzos, consumir agua buena en lugar de bebidas envenenadas, utilizar la luz del día en lugar de la luz eléctrica…
La gente de campo cultivaba sus propias hortalizas y frutas, no utilizaban pesticidas ni herbicidas, fabricaban su pan, elaboraban su queso y, siendo adultos, no consumían leche de otra especie animal. La leche, otro veneno para el cuerpo, provoca acidosis y descalcificación porque la sangre necesita calcio para neutralizar esa acidez y lo extrae de los huesos. A pesar de eso, los médicos continúan aconsejando el consumo de leche a las mujeres con menopausia.
Hoy en día, hay estudios de hospitales universitarios que previenen sobre el consumo de grasas saturadas. Esto nos da una idea de en qué manos estamos poniendo nuestra salud y en qué se convertirán esos estudiantes si no resetean su tejido neuronal. Las grasas saturadas son nuestras mejores aliadas para tener y conservar una buena salud. Estas grasas regeneran todas las células de nuestro organismo y nos protegen contra los radicales libres. Entre ellas podemos encontrar:
- Aceite de coco
- TCM (Triglicéridos de cadena media)
- Mantequilla
- Manteca de cerdo
- Panceta o tocino
- Grasa de vacuno (siempre que sea de color amarillento, lo cual indica que el animal ha ingerido carotenoides de los pastos)
- Quesos curados
- Queso roquefort
- Queso parmesano
- Yogur griego
- Kéfir
Hay que distinguir entre la leche y los lácteos fermentados, los cuales restablecen nuestro microbioma interno, aportan probióticos y prebióticos y nos ayudan a combatir trastornos psiquiátricos como la depresión.
Todas estas grasas nos ayudarán a bajar de peso, regenerar nuestros tejidos, evitar enfermedades neurodegenerativas, proteger contra el colesterol, accidentes cerebrovasculares, problemas coronarios, diabetes, artritis, Alzheimer, Parkinson y otras enfermedades neurodegenerativas. Por el contrario, todos los productos procesados, conservas, bollerías, galletas, churros y pastelería contienen grasas trans hidrogenadas para prolongar la caducidad de los productos industriales. Estos productos son la causa de todas las enfermedades degenerativas.
Los frutos secos como nueces del Brasil, anacardos, nueces de macadamia, almendras y nueces son una buena fuente de Omega-3 y Omega-6.
La mayoría de aceites se oxidan, especialmente cuando se someten a altas temperaturas, lo que los convierte en precursores de radicales libres y causa estrés oxidativo en nuestro organismo. La panceta o la manteca de cerdo no se oxidan porque están en el interior del tejido celular y no están expuestas al oxígeno del ambiente.
Al igual que todos los productos prefabricados con grasas trans e hidrogenadas, también deberíamos apartarnos del azúcar y otros productos refinados y optar por productos integrales.
Conclusión
El motivo de este pequeño artículo es que mi gran amigo Martín Rossi me preguntaba por mi experiencia con el ayuno. Como ya mencioné, aunque soy una persona que no se deja vencer y lucha, él fue quien me animó a empezar con los ayunos. A pesar de no dormir bien, tengo la mente más despejada, y aunque los problemas articulares persisten, durante el ayuno los dolores disminuyen considerablemente. Esto es consecuencia de la autofagia; el organismo consume lo que le sobra, y en mi caso, es la inflamación en todas las articulaciones. Por descontado, una buena nutrición es fundamental tras los ayunos.
Gracias, Martín.
Luis de Barcelona.